¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Normalmente se suelen plantear los procesos de cambio como un camino entre el “dónde estamos” (“AS IS”) y el “dónde queremos llegar” (“TO BE”). Una confrontación entre presente y futuro. Lo cual, claro, parece que tiene todo el sentido. Pero… ¿qué pasa con el pasado?

Escribe Mark Britz sobre esta cuestión. La situación actual, el “dónde estamos”, tiene unos orígenes. Somos el resultado de una evolución, voluntaria o involuntaria. Somos el producto de muchos factores que, probablemente, sigan afectando en mayor o menor medida.

Igual que el carácter y la situación de una persona hoy es fruto de los acontecimientos de su pasado, y es necesario tenerlos en cuenta para encauzar su futuro, las organizaciones son el resultado de unas dinámicas que hay que conocer y que marcan en gran medida lo que se puede y lo que no se puede hacer con ellas. Ni personas ni organizaciones son una “tabula rasa”, no es posible hacerles un “reset” a condiciones de fábrica, si no que hay que saber de dónde vienen, y por qué son como son. Entender esas dinámicas, y cómo afectan, es básico para poder plantear un cambio con cierto sentido.

En un proceso de cambio tenemos que mirar al presente y al futuro, sí; pero no nos olvidemos del pasado.

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